El municipio de Santa Lucía de Tirajana volvió a situar al sector primario en el centro de la vida social y cultural con la celebración de la Feria del Tomate y Gastronómica “Corazón de Tomatera”, un evento que durante dos días llenó la Avenida de Canarias de talleres infantiles, degustaciones gastronómicas, actuaciones musicales, recreaciones costumbristas y, como colofón, un emotivo acto de reconocimiento a los protagonistas de una de las páginas más sólidas de la agricultura insular.

Ese reconocimiento fue para la empresa SAT Nicolases, un nombre que encierra más de seis décadas de esfuerzo, innovación y compromiso con el cultivo del tomate de exportación, seña de identidad del sur grancanario. La sorpresa se mantuvo hasta el último momento, pues los organizadores decidieron no desvelar la identidad de los homenajeados hasta que se abrió el telón.

La presentación estuvo a cargo del doctor en Historia por la ULPGC, Manuel Rebollo López, autor de obras de referencia como El tomate en Gran Canaria y La Casa del Inglés. En su intervención trazó una semblanza de la familia de los Nicolases, cuyos orígenes se remontan a la figura de Juan Nicolás Pérez, patriarca de la saga.

Su historia comenzó con un viaje a Cuba, donde trabajó duro hasta reunir los ahorros suficientes para saldar las deudas contraídas con los vecinos y comprar unos terrenos en Santa Lucía. Aquel gesto de responsabilidad y visión sentó las bases de una aventura agrícola que se consolidaría con la llegada de sus tres hijos.

Al principio, los cultivos eran modestos: alfalfa, papas y algunas hortalizas. Sin embargo, el giro decisivo llegó a comienzos de los años 60, cuando apostaron por el cultivo del tomate de exportación, que en poco tiempo se convirtió en el motor económico del municipio. Tal fue el éxito que uno de los hermanos se trasladó a Londres para gestionar directamente la comercialización de las cosechas, abriendo mercado y garantizando precios justos.

En 1986, Antonio, Cristóbal y Salvador Nicolás dieron un paso más y fundaron la SAT Nicolases, consolidando un modelo empresarial familiar que situó sus tomates en los mercados de Reino Unido y Países Bajos, logrando un prestigio basado en la calidad y la constancia.

Hoy, la empresa continúa en manos de la segunda generación, representada por Juan José, Manuel, Antonio y Salvador, hijos de Antonio y Salvador. Ellos gestionan más de 37 hectáreas dedicadas al tomate de exportación y seis fanegadas de plataneras para el mercado peninsular. En un contexto de retroceso del sector, los Nicolases han logrado mantenerse firmes, resistiendo con la misma superficie y volumen de producción que hace una década, un hecho extraordinario en un tiempo en que muchas explotaciones han tenido que cerrar.

El homenaje no solo reconoció la labor, el tesón y la humildad de esta familia, sino también su papel como último bastión de un modelo agrícola que durante décadas sostuvo la economía local, de un municipio que llegó a concentrar el 35% de la producción de tomate de toda Canarias, y que hoy sigue siendo ejemplo de resiliencia y compromiso.

El acto incluyó además un emotivo reconocimiento a Saro López Caballero, trabajadora de la empresa durante más de 40 años, quien fue testigo directo de su evolución, de las dificultades y de la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. Su historia personal se entrelaza con la de la SAT Nicolases, demostrando que detrás de cada hectárea cultivada hay personas que han dedicado su vida a mantener viva la tradición agrícola de Canarias.

Tras el acto de distinciones, el Proyecto de Desarrollo Comunitario de La Aldea, realizó una emotiva recreación que trasladó a los asistentes a un almacén tradicional de empaquetado de tomates, pieza clave de la memoria colectiva de Canarias. La puesta en escena revivió con detalle el papel de las mujeres, protagonistas indiscutibles de esta labor, cubriendo cada tomate con papel de seda antes de colocarlo en las cajas de exportación, mientras el encargado organizaba y supervisaba la actividad. No faltaron los cantares “picantes” y jocosos que las trabajadoras entonaban para romper la monotonía y dar vida a un trabajo tan repetitivo como esencial, recordando así la dimensión humana y cultural de un sector que fue mucho más que una economía: fue una forma de vida.

La Feria “Corazón de Tomatera” no fue solo una fiesta; fue, sobre todo, un recordatorio de que el futuro de Canarias no puede entenderse sin cuidar y valorar al sector primario. Y en ese futuro, nombres como SAT Nicolases ocupan un lugar de honor.